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KHRYSALLIS
El Rescate Interior
(gr.) “Símbolo del lugar de la metamorfosis, que se relaciona
con la cámara secreta de las iniciaciones, con la matriz de las
transformaciones, de los túneles…. Más aún que una envoltura
protectora, representa un estadio eminentemente transitorio
entre dos etapas del devenir. La duración de una maduración
implica la renuncia a un cierto pasado y la aceptación de un
nuevo estado, condición de la plenitud.”
Bajo alas
de mariposa volamos libres sobre el tejado translúcido del
tiempo, dentro de un espacio interior. Las alas nos hablan de
libertad y del encuentro con lo que seremos más allá del sol. El
dibujo impreso en ellas representa el emblema que nos identifica
eternamente, revelando lo que fuimos y lo que somos. Los colores
como estandarte, divulgan los poderes y facultades adquiridos,
símbolos de las diferentes experiencias que han forjado nuestro
espíritu, en relaciones, a solas, en añoranza, soledad o
dificultades. Tejemos la textura de cada experiencia acorde a
nuestro temperamento y cada diseño es único e irrepetible como
es el matiz de cada uno de nosotros. La mariposa que somos aquí
refleja nuestra vida elaborada a nuestra manera individual.
Lao Tsu nos legó el famoso cuento del hombre que sueña con ser
mariposa y que luego se pregunta si es hombre soñando con ser
mariposa, o mariposa soñando con ser hombre.
Hoy en día nos preguntamos, ¿será que lo que estamos
presenciando está realmente ocurriendo, o es que vivimos dentro
de un permanente “matrix”? No podemos creer lo que parece estar
pasando pero al parecer tampoco podemos hacer nada para
remediarlo. La ilusión del poder personal es tan grande que se
multiplica en un sinnúmero de otras pretensiones.
Sea ilusión o realidad lo que percibimos, la mente tiene
ascendencia sobre la materia. Su función es precisamente la de
crear imágenes o moldes que serán animados por la energía
emocional del deseo y cristalizado mediante la vitalidad física.
La mente es la facultad primaria de la Conciencia y tiene la
capacidad de dirigir la energía globalmente en todo momento.
Puede fabricar una realidad y crear una experiencia tan
vívidamente completa que nos sirve tanto para crecer y aprender,
como para engañarnos a nosotros mismos o a otro. Algo que
determina nuestro mundo físico. Conociendo su maquinaria,
podemos llegar a usarla a nuestro favor pero no sin antes pasar
por una auto-indagación profunda, a solas con nosotros mismos.
El momento actual de la historia dificulta esta introspección.
Nos presiona desde todos lados para que nos describamos apenas
intelectualmente, para proponernos objetivos sin contar con los
remedios para realizarlos, para endeudarnos, para esclavizarnos,
y para esperar un mañana que nunca llega. Como muertos vivientes
sufrimos agotados e incompletos, rindiéndonos bajo la frágil
ilusión de haber hecho lo mejor y sobre las promesas de un
merecido legado cuando llegue el momento de la muerte física. En
un mundo así, desear es hacer e imaginar equivale a vivir.
No tiene que ser así. ¿Como podemos alcanzar libertad espiritual
sin dictaminar como vivimos internamente cada instante? ¿Sin
crear aún más ilusiones?
La mente lineal como pensamiento, sometida al poder usurpador
del egoismo de la personalidad, pretende entenderlo todo pero
estorba y distorsiona con su propia manía por las formas y el
tener que encasillarlo todo, sin adoptar una perspectiva mayor.
Es el instrumento de separación y entierra en el inconciente de
la psiquis, ideas que se hacen pasar por realidad. El caparazón
que se crea y que nos envuelve ahora no es la de la mariposa; es
un muro artificial y escapista que solo lleva a la inacción y a
la esterilidad. Nos quejamos y defendemos, atacamos y desafiamos
ficticiamente, sin baluarte, sin castillo ni estandarte, sin
ideal real.
Somos ya muchos los que queremos desafiar el entrañable augurio
de la fatalidad, proponiendo estirar el tiempo y ahuecar el
espacio para ver, sentir y abrazar nuestra vida en su totalidad,
y volvernos la mariposa añorada. Despertamos gradualmente al
hecho de que la vida que hemos vivido y la forma como la
encaramos es, infelizmente la misma cosa. Reconocemos que no
sabíamos percibir sin proyectar, comprender sin juzgar y aunque
aún tanteando a ciegas, nos proponemos vislumbrarlo todo desde
una posición central, neutra y serena.
No podemos concebir ni de lo nuevo ni de lo verdadero sin
volvernos nuevos y auténticos. Para que podamos lograr la
reconstrucción interior que abarque la totalidad de nuestro ser
y sus expresiones, tendría que ocurrir una previa
transformación. Habría que morir, aunque el deseo de morir
realmente implica el deseo de vivir algo mejor.
La Conciencia humana no puede morir porque ES vida. Pero existe
otra muerte relacionada a lo que si puede descomponerse, a lo
que no es eterno, al caparazón con el cual nos disfrazamos y
dentro del cual nos escondemos. Tenemos que disolverlo. Dentro
de él se encuentran líneas de pensamiento, ideas… formas
compradas y registradas que caracterizan una mentalidad
indulgente común, que entumece nuestros cuerpos y densifica
nuestro entorno. Esas son las ficciones que pueden y deben
morir.
Nos cargamos de necesidades, de relaciones, de cosas que nada
tienen que ver con lo que somos o lo que queremos, sencillamente
porque no sabemos como ser lo que somos. Creemos confundidamente
que desear es amar y que querer es ser.
En los templos de enseñanza espiritual de la antigüedad disolver
el caparazón era el principio detrás de toda iniciación. El
templo de hoy lo llevamos puesto y tenemos que osar descubrir lo
que hay por detrás del telón de las apariencias, inclusive
dentro de nosotros mismos, para redescubrir la presencia de todo
lo que añoramos y que buscamos fuera. Para acabar así con el
miedo abismal que nos acompaña y con esos conflictos que nos
consumen imperceptiblemente, tornándonos a su vez en víctimas
del engaño ajeno. Para que lo que somos pueda translucir y
desbordarse en la creatividad continua que mejor define nuestros
poderes.
En momentos de dolor, de enfermedad o de peligro, o cuando
creemos que asoma la sombra de la muerte física y se nos acaba
el tiempo, reconocemos la poca profundidad de nuestra
existencia. Cuando perdemos a un ser amado, cuando
circunstancias cambian nuestras vidas radicalmente, cuando
sufrimos un accidente, o cuando un dolor insoportable nos
acecha, ese es el momento para recordar. Es el momento para la
crisálida.
Khrysallis es la palabra griega para crisálida, el ahuecado
refugio de la larva mientras contempla a oscuras su plenitud y
su posibilidad. Para nosotros representa el espacio de quietud
introspectiva y de meditación que nos lleva a la madurez y a una
posibilidad de vida conciente. En ese estado existe la
posibilidad de felicidad, de gozo, de la realización humilde,
dulce y tranquila de la iluminación.
¿Cómo sería ese espacio, nuestra “khrysallis”? Enfocándonos
suavemente sobre esa posibilidad llegaremos a descubrir una
forma diferente de concebir el mundo en donde las presiones de
lo inmediato no controlarían el resultado. Veamos como eso puede
ocurrir dentro del proceso que hemos creado.
En la escuela de la Alquimia Interior hay tres elementos que
distinguen el trabajo de desenvolvimiento personal.
Primeramente, el individuo aprende a distinguir su personalidad
habitual de lo que es la Conciencia que yace detrás de su
inteligencia. Así va transfiriendo gradualmente su
identificación primaria desde lo que llamamos el egoismo de la
personalidad a una postura de observador neutro. Este observador
no es una idea o una extensión mental de la identidad
previamente creada. Está basado en una constatación de la propia
inteligencia superior posicionada silenciosa y neutra sobre el
conjunto de la personalidad. O sea sin censura ni exigencias.
Está igualmente anclada en una conciencia corporal y emocional
digna que llamamos “crística”.
La postura crística adquirida mediante diferentes ejercicios,
ahora nos permite usar el pensamiento imparcialmente. En esta
fase se está equipado para distinguir otros tipos de actividad
mental también. Se adquiere una habilidad para observar
fenómenos que no son lineares, que pertenecen al mundo de
formaciones y dinámicas energéticas. Se constata un nexo de
energías interactivas que componen el conjunto del cuerpo, de la
mente, de las emociones y del espíritu. La verdadera “alquimia”
comienza aquí, en la manipulación conciente de cualidades y
cantidades energéticas.
El proceso que llamamos “Khrysallis” incluye estos tres pasos y
aún contiene otro ingrediente, implícito en el nombre del
proceso. Este es la creación de un espacio sagrado desde donde
puede verse el mundo, la vida según se ha vivido hasta el
presente, desapegadamente. Esto no implica la ausencia de
emoción, pues parte del proceso consiste en honrar la
experiencia emocional, aún redireccionando las energías y
desarmándolas del elemento posesivo egoico. El contexto
psicológico está siempre sujeto a ese elemento netamente
alquímico. El diferencial aquí es el factor energético y la
reformulación de la inteligencia. El empleo de la lucidez dentro
de un ambiente de genuino discernimiento de diferencias
esenciales.
Mientras esto ocurre, y dada la nueva conciencia energética, se
aprende una postura de mayor y mejor sustentación dentro del
proceso de reestructuración efectuado que se puede aplicar a la
creación de una nueva vida.
En resumen, el proceso “Khrysallis” ocurre cuando se logra
distinguir la personalidad de la Conciencia, la idea que se
tiene de lo que es la conciencia de lo que es la mente, y las
emociones de lo que es la energía de vida que está a nuestro
alcance. Una reestructuración personal profunda desde todos los
ángulos. Una revisión de la trayectoria de la vida y de las
relaciones, incluyendo los contratos sellados en la más tupida
inconciencia. Se descubrirá la dinámica de las propias energías
mentales, emocionales y espirituales, y la distribución de ellas
en la estructura física particular, para conocernos mejor, tal
vez por primera vez. Podremos elegir… y aprenderemos a volar
bajo la Luz del sol que nunca se apaga.
“Khrysallis” es un espacio creado para envolver lo que no tiene
forma, lo que nutre, lo que inspira, lo que conforta y lo que
nos impulsiona a finalmente abandonar el escondite de nuestra
propia creación para volar libre de programaciones inconcientes
y dañinas. Es un precioso regalo que nos ha sido dado y que
queremos compartir con otros. Es la ALQUIMIA INTERIOR en su más
pura expresión de aquella individualidad que estremece al alma
para desbordarse en la más amplia humanidad.
Zulma Reyo
Creadora del
Concepto De la Alquimia Interior
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