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LA PRÁCTICA MAESTRA
La práctica completa del circuito alquímico se denomina
PRÁCTICA MAESTRA porque abre las puertas energéticas
multidimensionales necesarias para toda manifestación o cambio
tanto material como sutil. Esta conexión ya existe funcionando
concéntricamente en el corazón, sólo que no es reconocida ni
utilizada efectivamente. Esta práctica proporciona al vehículo
físico el alimento directo de la Fuente de Luz, por medio del
centro más elevado (coronario), en una conexión basada en la
actividad fuerte y radiante de la Conciencia-Inteligencia del
corazón.
La práctica emplea el uso consciente del poder de la
visualización, lo que permite imprimir en la atmósfera, como
en una fotografía, aquello que se concibe, y el poder de la
sensación que moviliza la actividad celular en la materia.
ALINEAMIENTO ALQUÍMICO
La práctica maestra de Alquimia Interior crea en el ser humano
el correcto alineamiento entre las fuerzas cósmicas y
terrestres, promoviendo la circulación apropiada de energía
(tanto absorción como eliminación). Establece también la
correcta actitud psicológica de humildad delante de la
Absoluta Omnisciente y Toda Poderosa Presencia “YO SOY”.
Se sugiere grabar las siguientes instrucciones en un cassette
para luego poder escuchar y seguirlas mejor.
Primer paso: Traer hacia adentro del cuerpo físico las
energías proyectadas hacia fuera. Enraizarse.
Con la mente dirigir el foco de consciencia que normalmente
está en el exterior hacia el mundo interior, trayendo la
atención para dentro del cuerpo por medio de la visualización
y la sensación juntas.
Percibir los contornos físicos. Ser consciente de ocupar todo
el espacio interno, sentir el peso y la densidad, con especial
atención en las piernas y los pies.
Segundo paso: Distribuir uniformemente la sensación de la
sustancia dentro del vehículo.
Empleando la facultad de la atención y evocando la sensación,
sentir el peso del cuerpo y distribuirlo de manera uniforme,
percibiendo qué áreas están habitualmente más densas (más
pesadas), y cuáles las menos habitadas por la consciencia.
Sentir el pulso del organismo físico, agudizando la
observación para reconocer las diferencias de pulsación en las
diversas regiones u órganos del cuerpo.
Agregar la sensación de la respiración consciente,
expandiéndola progresivamente; respirar cada vez con mayor
profundidad y relajamiento.
Volverse uno con todo el complejo físico proporciona
estabilidad, seguridad y la materia prima básica (sustancia,
fuerza y energía) a ser usada como combustible y poder para el
desenvolvimiento de la Conciencia en los mundos de
manifestación.
Tercer paso: Visualizar la Figura de Luz, concienciarse de la
sustentación energética oriunda de la Tierra.
Visualizar la Figura de Luz. Es una réplica luminosa del
propio cuerpo. Imaginar que se está sobre una superficie
espejada, sólo que el reflejo del cuerpo ocupa el mismo
espacio tridimensional de la forma material en dirección
inversa. Contemplar esa figura, extender la sensación y
sentirla como si tuviese vida propia. Sentir una sensación
efervescente que surge de esta figura y que va penetrando por
las plantas de los pies y el centro básico, circulando por las
células y expandiéndose por todo el cuerpo.
Esta imagen brillante, invertida, construye una base magnética
luminosa. Actúa de dos formas: 1) ofrece una salida para la
liberación de energías discordantes o en exceso, que son
absorbidas por la Tierra, y 2) constituye una entrada para la
restauración de las fuerzas terrenas y la vitalidad. Una
vitalidad fresca y pura fluye desde el centro de la Tierra,
entrando por los pies y distribuyéndose por todo el vehículo,
hasta saturar las células del cerebro.
Cuarto paso: Despertar los Puntos de Luz, conectarse con las
propiedades eléctricas de la materia.
Los Puntos de Luz están en el núcleo de la materia y le dan
vida. Son una réplica del sol, fuente de vida para el
universo.
Sintonizarse con los Puntos de Luz en el centro de cada átomo
del cuerpo físico, despertándolos, visualizándolos. Y sentir
como estos soles minúsculos responden con creciente carga
eléctrica e intensidad luminosa, a la atención sobre ellos
enfocada.
Comenzar por los pies y subir hasta la cabeza. Sentir cada
parte u órgano responder a la sensación de electricidad
acelerada.
Abordar por último el cerebro y la columna vertebral (médula)
como una unidad, encendiéndola en un pálido matiz dorado que
se esparce por los filamentos nerviosos y carga todo el
cuerpo. Sentir todo el cuerpo brillando, vibrante,
eléctricamente vivo y altamente energizado.
La totalidad de los Puntos de Luz constituye la esencia del
llamado Cuerpo de Luz.
Atención: esta práctica está destinada a despertar los Puntos
de Luz, no a acelerarlos.
Quinto paso: Contactar el Sol Interior. Centrarse.
Es dentro del Fuego del Corazón donde residen todos los
poderes y facultades de Luz.
Descubrir el foco central de la actividad dadora de vida, el
Sol Central, al nivel del centro del Corazón, en medio del
tórax superior. Este foco es extremadamente sensible a las
directrices que se le proporcione.
Aquí optar por generar alegría, felicidad y principalmente,
gratitud por la magnificencia de la Creación. El propio
sentimiento de gratitud intensifica la irradiación del
corazón, haciéndolo brillar más y expandirse.
Amplificar la irradiación, visualizando y sintiendo los rayos
del Sol Central expandirse en todas direcciones. Todos los
minúsculos soles del cuerpo físico responden a este Sol
Central interior.
Entonces direccionarse hacia adentro, hacia el propio núcleo
de esta gran esfera, el Corazón de la Creación, para
descubrirse en el centro de un enorme campo de actividad de
Luz infinita y magnificente, en la plenitud y la unicidad del
Todo.
Sexto paso: Alinearse, asumir una posición dentro del cuerpo y
sobre el planeta.
Dirigirse verticalmente hacia lo alto, manteniendo la
sensación y la percepción del cuerpo como agente enraizador.
Visualizar y sentir la Fuente Electrónica Solar (la Divina
Presencia “Yo Soy”) algunos metros encima de la cabeza, como
una excelsa, inmensa y potentísima Luz blanca brillante que
contiene todos los diferentes rayos y colores del espectro, en
círculos concéntricos de emanaciones de sustancia primordial;
sin perder la noción de las raíces en la tierra.
Séptimo paso: Ligarse a las energías electrónicas.
Zambullirse en el centro de la Presencia “Yo Soy”. Sentirse
Uno con la Fuente de Vida o Esencia Divina Individual.
Fundirse en una luminosidad sin principio ni fin.
“Yo Soy” (aquí en la Tierra, en el cuerpo físico) lo que “YO
SOY” ( en la eternidad infinita).
Esta afirmación establece y sella el Circuito Alquímico que
liga la consciencia humana con la Tierra y los cielos.
Visualizar y sentir la conexión directa entre el cuerpo físico
y el Gran Sol divino, a través de un rayo de Luz que se
proyecta desde el YO arriba (12º dimensión) hasta el yo en el
cuerpo (3º dimensión), entrando por la coronilla, para
completar así el circuito alquímico.
Octavo paso: Cielos y Tierra aquí ahora.
Mantener la percepción de la Fuente de Luz, Sabiduría y
Conciencia encima, así como la sensación física de la materia,
vitalidad y fuerzas de los elementos abajo; encontrándose
dentro del cuerpo y expresándose a través de la personalidad.
Estar en el cuerpo y en las alturas simultáneamente en el
momento presente, con una sensación de centralización aquí y
ahora, y de alineamiento con el alimento cósmico.
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