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La Sexualidad Natural


LA SEXUALIDAD NATURAL

Por Zulma Reyo


 

El cuerpo humano es un delicado instrumento de expresión. Siendo la manifestación física del Amor que lo crea, expresa lo que añoramos ser, sin saber que ya lo somos. Es un instrumento de la mente que procura lo trascendente, que anhela abarcar más y más dentro de si. Su más nítida expresión es la de vehículo sexual y afectivo. Busca relacionarse con otros cuerpos para expresar sus emociones, amando y aprendiendo a ser amado en tantas formas. Después de muchas experiencias la mente descubre un día que el amor que añora, lejos de ser algo que “se hace”, es un estado de ser natural que no depende de nadie ni de nada externo. La fusión añorada es conseguida al nivel del corazón, que reúne holísticamente todas las capacidades de sentir en lo físico, emocional y energético. Y esto se aplica a todo tipo de amor, expresión y relación.

En el estadio evolutivo humano del presente, el amor, expresado sencilla, natural y saludablemente, no consiste en una explosión de la libido, ni en la mera atracción físico-química, la conveniencia o la “necesidad”. Se basa y culmina en el reconocimiento del Ser.

En lo que a la sexualidad concierne, existe en la actualidad demasiado énfasis en la exigencia de ejecutar el acto sexual para sentirse hombre, o para ser amada y protegida. La tendencia actual es de sentir que hay que producir. La presión sobre la mujer para mantenerse atractiva a los ojos del hombre es monumental, ya que se le ha otorgado la responsabilidad por la excitación de su compañero y la seguridad para ella resultante. El hombre puede ser feo, calvo y gordo pero ella… ¡tiene que mantenerse en los 20 años por toda la vida! En el teatro de nuestras vidas hay una preocupación demente por ser demasiado gordo o demasiado flaco, lindo, feo, oloroso o no, por lo que “se hace” y “como se dice”, y todo el resto tan superficial.

Paradójicamente, hay una disminución en el cuidado del cuerpo y la salud, que determina que la energía que otorgamos al sexo provenga fundamentalmente del pensamiento más que del pobre cuerpo saturado de medicinas, drogas y carente de ejercicio. Desafortunadamente, es mucho mayor la perturbación mental que la circulación vital. Esto produce un desequilibrio emocional desmesurado, que se convierte en el único medio de expresión a través de un cuerpo desvitalizado y un sistema nervioso caótico, exacerbando el cuadro patológico aún más.

Con tanto foco y preocupación por la apariencia y el rendimiento, nos queda muy poco tiempo y energía para sentir la vida y a sí mismo como realmente es. Para sentir la sutileza de la conexión preciosa entre un ser y otro, por el mero hecho de existir. El resultado es que no sabemos lo que somos ni lo que sentimos, y no sabemos lo que valemos ya que nosotros mismos no nos Vemos.

Se vive en una ilusión, una conveniencia o una obligación. Las parejas que, como unidad, tanto podrían contribuir a la sociedad, no se pueden ayudar el uno al otro porque básicamente ni se conocen. ¿Cómo podemos dar a otro lo que no tenemos? No sabemos apoyarnos. Sólo apoyamos las ideas de lo que creemos debería ser. La pareja tal vez nunca se conoció aparte de lo que quería ver o tener, sea por distanciamiento intelectual, sea por un arreglo en donde cada uno se protege del otro, o protege al otro de la tierna fragilidad del existir, o sea por los trazos egoicos de poder, control, defensa y justificativa personal que persisten con insistencia feroz.

El problema está íntimamente conectado a la incomprensión de la belleza y la plenitud propias de lo sublime que yace en nuestra profundidad. Nuestra más honda realidad revela una relación esencial, única y abismalmente subjetiva con lo divino, con el Todo. Parece que hemos desterrado al Principio Divino de dentro de nosotros mismos. Él o “Eso” está proyectado fuera, en el otro o bien lejos… en el cielo o en una ilusoria vida futura. Hemos olvidado que sólo dentro de esa relación esencial con el origen de nosotros mismos, podremos sentir la verdadera felicidad – porque ES lo que somos. Solo dentro de esa relación que es con uno mismo, somos Amor. Ahí comprendemos lo que es dar y recibir. Sin “Eso” no somos nada, ni para nosotros ni para otro. Amar es ser amor; ser amor es serlo todo.

El sexo gimnástico frenético y desesperado, o “misionero” y resignado esclaviza y desgasta. En nada se compara con la experiencia de fusión esencial interior, ni con los efectos de una sexualidad en el marco de un sentimiento profundo, creado por dos individuos que son amor, se reconocen como tal y se juntan. Sin ese reconocimiento tenemos a dos hambrientos, dos mendigos exigiéndose una riqueza que nunca tendrán y exhibiendo una colección de partes desconectadas de su identidad real.

Algo más: citemos unos cuantos datos que aún los sexólogos desconocen. El cuerpo de la mujer está construido de forma que alberga y mantiene física y energéticamente el semen que el hombre deposita durante un largo tiempo. A pesar de la barrera creada por el preservativo, ella guarda dentro de sí la frecuencia vibratoria propia de esa persona con la cual ha tenido relaciones. Esto le confiere el poder de colorear el aura del hombre y de influenciarlo aún a distancia. Como se advierte, el acto sexual envuelve mucho más que el placer del momento.

Aunque no nos guste a las mujeres, tenemos que saber que relaciones con más de un hombre a la vez son extremadamente perjudiciales. No es el caso para él, que posee un sistema distinto. La mezcolanza de energías vitales crea atrito dentro de los cuerpos de la mujer. Cada relación hace que se emitan fuerzas al nivel de cada chacra. En una relación estable se crean cordones sutiles para el pasaje de energías. Cuando las relaciones son variadas estos cordones no llegan a formarse, pero las energías siguen emitiéndose igualmente. Entonces: sea por dispersión, o porque la relación termina y los cordones se rompen, el efecto para la mujer es una desvitalización y exposición a consecuencias astrales desfavorables. Muchos de los estados psíquicos femeninos quedan entonces así explicados por perturbaciones en la circulación energética causadas directa o indirectamente por hábitos sexuales.

Asimismo el hombre sufre perturbaciones provocadas por su desconocimiento de formas sanas de circulación energética. Si bien la promiscuidad no le afecta físicamente como a la mujer, en cambio lo debilita espiritual y sutilmente, creando también puertas de acceso a diferentes energías. Si el nivel de consciencia de la pareja es inferior a la suya propia, su frecuencia vibratoria desciende, privándolo progresivamente de una conexión y percepción sutil superior.

Hay que reconocer que la responsabilidad de la mujer es fundamental, ya que ella posee el polo positivo al nivel del corazón y es capaz de elevar al hombre y a sus hijos si ella misma ha trabajado correctamente sus emociones. A la larga, en la batalla de los sexos, es el hombre quien sale perdiendo espiritualmente. En general, existe un amplio desconocimiento acerca de prácticas orales, sexo anal, y los supuestamente inocentes juegos y fantasías eróticas que nos vinculan con frecuencias astrales sumamente densas. Nos hemos distanciado casi irreversiblemente del sutil éxtasis de la vida vivida conscientemente sin necesidad de violentar el cuerpo o el sistema nervioso con estímulos exagerados.

La homosexualidad es otro tema especialmente importante. También aquí el amor debe ser genuino, y las parejas tendrán que ser educadas en la correcta circulación y distribución de sus energías.

El problema es que la voz de las masas que manda el comercialismo dominante de hoy es fortísimo. Cada día aparecen más y más programas, artículos, imágenes y verbosidad abiertamente sexuales. Incitar, seducir, conquistar constante y descaradamente por medio del cuerpo parece ser la orden del día. Ya nada es sencillo ni espontáneo. La música, la industria cinematográfica… hasta un desfile de modas tiene que evocar la desnudez para tener éxito.

Pero hay un abismo entre todo esto y lo inherentemente natural. Entre todo esto y los que protegemos la pulcra santidad de una intimidad serena, que alcance los niveles más hondos de la psiquis mediante el cuerpo ofrecido en inocente plenitud. Somos la minoría.

La verdadera transformación es callada e invisible. Ocurre en la inteligencia y en nuestra energía. Es mucho más fácil aceptar las expresiones grotescas de perversión como algo natural, que suave y sutilmente descubrir e imponer reglas de legitimidad existencial. Nuestro trabajo apunta a que suficientes personas comiencen a vibrar de un modo diferente, para elevar la frecuencia vibratoria de la humanidad imperceptible pero decididamente. Y en forma permanente.

Las diferentes tradiciones espirituales poseen un caudal de conocimientos energéticos preciosos acerca de la sexualidad. En Occidente y con el progreso, se fueron olvidando. Ese saber yace enterrado en la profunda, delicada y tierna voz de nuestros cuerpos, si paramos y tenemos el coraje de escucharlo. Pongamos manos a la obra.
 

Zulma Reyo
Creadora del Concepto De la Alquimia Interior

 

Artículo Publicado en Revista Athanor Nº 44 marzo/abril de 2004

 

 

Khrysallis - Artículo • La Psicología Holográmica • La Sexualidad Natural • Entrevista Revista Namasté

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